MINICRÓNICAS

#Restaurantes

ZALACAÍN

MADRID

Última visita: Noviembre 2018

En la película “El último Samurái” hay una escena en la que Katsumoto, líder de los Samuráis, entrega una espada al Capitán Algren. En la misma se puede leer una inscripción “Pertenezco al Guerrero en el cual se han unido lo viejo y lo nuevo”. Siempre me gustó esa escena.
 
En Zalacaín se puede decir que sucede algo parecido en términos gastronómicos. Tanto en el espacio, la sala y la cocina se unen lo viejo y lo nuevo. Esto no quiere decir que sea ni mejor ni peor que lo que había antes. Simplemente es distinto.
 
Se mantiene la esencia de “lo viejo” tanto en el fondo como en las formas (o si lo prefieren lo llamaré clásico). Se mantiene la obligatoriedad del uso de la chaqueta, que no de la corbata, siguen presentes esos míticos aperitivos de croquetas y pan con mantequilla (bendito clasicismo). Esas patatas soufflé que son una obra maestra, probablemente uno de los mejores steak tartar de la ciudad, los callos de siempre, los eternos crêpes suzette, las elaboraciones en sala, el whisky sour del gran Uceda.
 
También hay paso para nuevas creaciones y rejuvenecer ciertas elaboraciones. Entre ellas destaca especialmente la royal de faisana, que está a un gran nivel, la curiosa combinación en la ostra donde el pan y la mantequilla se integran en un solo bocado y una muy buena cremita de castañas.
 
La bodega mantiene la misma línea. El legado de Custodio López Zamarra y sus añadas históricas se entremezclan con nuevas referencias adquiridas por su nuevo sumiller.
 
El servicio sigue siendo excepcional, marca de la casa. Es un lujo ver a unos grandes profesionales elaborando en la sala diferentes platos con cariño y extraordinaria precisión. Siempre a gusto del cliente.
 
En resumen, un restaurante completo. Vayan y disfruten de esa maravillosa combinación entre lo viejo y lo nuevo.

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DIRECCIÓN: 

Calle de Álvarez de Baena, 4

28006 Madrid

WEB: 

www.restaurantezalacain.com

TICKET MEDIO:

100 Euros

PUNTUACIÓN:

7,75