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#Gastronomia

NAKEIMA: Un rincón de libertad

En una estrecha calle del centro de Madrid podemos encontrar tres restaurantes de cierta calidad como son Celso y Manolo, El Bocaíto y Taberna Carmencita. Sin embargo, en la calle Libertad, tan pequeña como exitosa en cuanto a locales se refiere, también podemos encontrar un pequeño establecimiento que hace las veces de “bareto” y sala de conciertos: Libertad 8.

 

Libertad 8 tiene los ingredientes idóneos para convertirse en un lugar de culto. Reúne el atractivo de lo poco conocido, casi escondido, con la magia de esos sitios en los que sabes que una vez que entras todo puede suceder. Desde tomarte una caña con Ismael Serrano o Pancho Varona, hasta escuchar un concierto clandestino de algún famoso cantautor o disfrutar de duetos improvisados que son auténticas obras de arte.

 

Puede que no tenga el aforo del Palacio de los Deportes o de La Riviera, o esa fama histórica de Galileo Galilei, pero para los amantes de la música en directo, española y de autor en este caso, Libertad 8 es todo un templo. Puede que sea por su limitado aforo (por licencia no puede superar las 100 personas), o porque las entradas se venden unos días antes del concierto sin intermediarios ni páginas web, a la antigua usanza, llegando a formarse colas más que considerables. Puede que sea por el carisma de Julián que, como patrón del barco, sabe lo que le piden sus clientes, o quizás sea por la comunión que se produce durante los conciertos entre cantante y público.

 

Dicen muchos artistas que lo mejor de tocar en directo es el poder sentir cerca a la gente, poder observar sus reacciones ante una nueva canción, la calidez de un aplauso, el mirar a los ojos a su público, a su clientela al fin y al cabo. Dicen que lo único que no miente en esta vida es el aplauso y la mirada. En Libertad 8 basta ir a un par de conciertos para saber que lo que ocurre en ese diminuto escenario es verdad, sin playback, sin adornos innecesarios, sin arreglos posteriores, sencillamente música. Un artista con su guitarra, su armónica, su piano, su talento y su voz. Y el aplauso sincero de los allí presentes.

 

 

Ya verás (Funambulista y Andrés Suárez en Libertad 8)

 

Queridos amigos, Nakeima es el Libertad 8 de los restaurantes.

 

 

En Argüelles, relativamente cerca del intercambiador de Moncloa, en una zona rodeada de pisos y residencias de estudiantes, junto a los míticos “bajos de Moncloa”, en una zona vacía de restaurantes de referencia. Ahí está Nakeima.

 

Cruzar su puerta es trasladarse a otro lugar donde, como sucede en las noches de Libertad 8, nadie sabe muy bien qué va a pasar. Los 20 afortunados comensales deben sentirse como tal, porque los platos cambian a diario, cada semana o según dicte el mercado. No conozco ningún otro local igual. Lo que ha conseguido esta gente en tan poco tiempo es tan increíble y complicado que debería estudiarse en los MBA como caso de éxito.

 

A pesar de todo ello, los aspectos negativos no son baladí. Local pequeño, sólo 20 comensales por servicio, no abre los domingos, no permite reservas, no admite niños... Es decir, una serie de incomodidades importantes. No tiene ni teléfono, y me consta que van a seguir así y no tienen el más mínimo interés en cambiar. Aún así... ¿merece tanto la pena? ¿es merecida la fama? ¿se pueden justificar las colas interminables que se congregan en la puerta del local día sí día también?

 

En Nakeima no hay normas.

 

Los platos se anuncian a tiza en una pared y es más que probable que falte alguno que otro. Aunque también es probable que tengan la oportunidad de probar platos nuevos que se estrenan ese mismo día o incluso recuperar en un momento algún "clásico" olvidado.

 

 

Estuve hace unos días comiendo en Nakeima, era mi segunda visita y había pasado demasiado tiempo desde la primera. Entrar por la puerta ya imprime cierto nerviosismo al comensal. Tanto por saber si habrá o no hueco para comer, como por la expectación ante lo que se avecina.

 

La comida fue superior, estaba en un momento de felicidad tan pleno que no podía dejar de probar todos los platos escritos a tiza en la pared y casi me tuvieron que echar tras dos horas de solitaria comida (así uno evita distracciones y se centra en lo único importante). Me gustó tanto que tuve que volver la semana siguiente para terminar lo que había empezado, para repetir los clásicos de siempre y para disfrutar de otra comida gloriosa.

 

Gunkan de erizo y huevo de codorniz y wontón de gamba

 

 Dumplings de txangurro y dim sum de papada

 

Bao relleno de pollo y carabinero, black bao y bao relleno de rabo de toro

 

Tanto los dumplings como los baos merecen un capítulo aparte. Las masas, hechas por ellos mismos, son para enmarcar. Los rellenos llenos de sabor, melosos y realmente buenos. Al final es inevitable chuparse los dedos disfrutando del momento y olvidándonos de ciertas etiquetas.

 

@ferchukarriwy en acción

 

Los nigiris, preparados delante del comensal, sin mentiras, sin adornos innecesarios. Un arroz impecable, elección de productos distintos, llenos de sabor y con cierto riesgo, sobre todo a la hora de elegir los pescados. Todo tiene su sentido. Conozco pocos sitios a este nivel.

 

Nigiris de Sargo, besugo, papada ibérica, coruxo, virrey, pargo, dorada, gamba al ajillo y “Lecter”

 

El wok de chipirón es otro gran plato. Reúne lo mejor de Nakeima: sabor, potencia, riesgo, producto, innovación. La libertad en la cocina.

 

 Wok de chipirón

 

Es inevitable exclamar “¡Qué bueno está esto!”. Porque al final, lo que importa en Nakeima es que la gente que se siente en su barra disfrute y que lo que llegue a la mesa esté rico. Y todo esto se cumple con creces.

 

 Secuencia de preparación del okonomiyaki

 

 Bocadillo de pan chino de panceta

 

Con la libertad más absoluta, creatividad e innovación por bandera, platos donde reina el sabor y donde lo único importante es disfrutar. Nakeima es el camino a la libertad. Sólo así se concibe la creación de platos como la ensalada de callos o el ramen seco de pato. Platos sorprendentes donde, sobre todo, reina el sabor.

 

 Ensalada de callos y Ramen seco de pato

 

En cuanto a las bebidas, Estrella Galicia bien tirada y se agradece que tengan cerveza 0,0 (sobre todo para las embarazadas que andan limitadas...). Pero lo mejor de todo es dejarse aconsejar por los que están detrás de la barra y disfrutar de los maridajes que ofrecen. Impecable selección de vinos por copas a precios ajustados. Otro motivo más para pasarlo bien en esta casa.

El capítulo de postres es reducido, aunque me consta que están haciendo un esfuerzo por ampliarlo. No obstante, teniendo en cuenta las características del local, es de agradecer que al menos se hayan preocupado de ofrecer un postre de cierto nivel. En este caso, la piña asada es un final más que correcto. Recuerden que #nopostrenoparty.

 

Piña asada 

 

A pesar de los cambios de personal, de los nuevos proyectos que se avecinan, de todas las críticas a su gestión de negocio, ellos siguen implacables, trabajando duro y creyendo con los ojos cerrados en lo que hacen.

 

Amparados en la libertad que les concede el entorno, dan rienda suelta a su creatividad, creando más y más platos, siempre redondos, llenos de sabor, perfectos. Ellos juegan en otra liga. Vinieron a cambiar las reglas establecidas, a dar de comer bien, a disfrutar con lo que hacen. Y lo han conseguido.

 

Sigo teniendo la esperanza de poder ir un día con mi hija. Sigo teniendo la esperanza de que un día se pueda reservar. Y es que dicen que la esperanza es lo último que se pierde.

 

 

Hope (Twista)

 

 

Fotos: Estrella SIN Michelín

 

 

 

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